La investigación científica que hoy se realiza en diversas dependencias de nuestra Universidad, hunde sus raíces en los esfuerzos y aportaciones que en el pasado lejano hicieron algunos profesionistas, especialmente médicos, farmacéuticos y abogados, formados en las aulas del Colegio Primitivo y Nacional de San Nicolás de Hidalgo, sobre todo, a partir de su reapertura como institución educativa secularizada en 1847. Profesionistas, que habían adquirido una sólida formación académica, universal y profundamente humanista, en la que la búsqueda de mejores condiciones de vida para el hombre era el eje fundamental de sus preocupaciones y creatividad intelectual. Baste recordar aquí la profunda convicción con la que algunos de ellos iniciaron estudios orientados al mejor aprovechamiento de los recursos naturales del estado, destacando las aportaciones que sobre la rica y variada flora michoacana hicieron en este último tercio del siglo XIX los médicos Nicolás León, Miguel Tena, Crescencio y Pablo García, Julián Bonavit y Manuel Martínez Solórzano. 

Con la Revolución Mexicana, se inició una marcada renovación de los estudios científicos y los nicolaitas centraron una mayor atención a la búsqueda de nuevos elementos que permitieran mejorar las condiciones de vida de la sociedad y para prolongar la vida humana, mediante la prevención y combate de las enfermedades que mayores índices de defunciones producían. En esa línea, la labor investigativa, casi siempre a nivel personal, se perfiló hacia temas de cómo curar y prevenir dichas enfermedades. Sobre temas médicos y de salud pública destacan los estudios del Dr. Alberto Oviedo Mota, sobre la sífilis y otras enfermedades contagiosas de origen bacteriológico. Por otro lado, encontramos las grandes contribuciones que hizo el joven y malogrado médico moreliano José Torres Orozco que incursionó con profundidad en diversos temas psicológicos como sus ensayos sobre la patología del lenguaje, la locura, los efectos físicos y mentales de la tuberculosis y la neurastenia de los trabajadores jornaleros, en los que utilizó la metodología del positivismo que, sin embargo, en opinión del Dr. Elí de Gortari, éste último estudio lo acerca a la concepción marxista sobre las condiciones sociales de vida de la clase obrera.  

La Ley Orgánica de la Universidad Michoacana, promulgada por el Gobernador del Estado, general Benigno Serrato, el 14 de febrero de 1933, fue el primer instrumento jurídico que en su artículo 2° le asignó a nuestra Casa de Estudios la responsabilidad de “organizar la investigación científica y mantener y fomentar la cultura”, manteniéndose este postulado en la nueva Ley Orgánica decretada por el gobernador Gildardo Magaña, el 14 de marzo de 1939. Sin embargo, no se marcaron los lineamientos ni la estructura que debería tener la Universidad para promover la investigación. 

Fue hasta 1961, cuando en la nueva Ley Orgánica promulgada el 31 de julio de 1961 por el gobernador David Franco Rodríguez, se incluyó un capítulo especial relativo a la creación y funcionamiento del Consejo de la Investigación Científica, al que se encomendó “el fomento, desarrollo y coordinación de la investigación científica y de sus aportaciones”, estableciendo que para esta actividad debían de organizarse Institutos y Departamentos especializados en las diversas ramas de las ciencias y las humanidades. En esta ley también se estableció la existencia de la Coordinación de la Investigación Científica como dependencia encargada de ejecutar los acuerdos del Consejo y la integración del titular de la Coordinación al Consejo Universitario, declarado como máxima autoridad de la institución. Además, en el capítulo 4°, al definirse los lineamientos para el desarrollo de la actividad investigativa, se fijaron los siguientes postulados: “La investigación que realice la Universidad tendrá como base: a) Los problemas generales de la ciencia, con el fin de acrecentar el acervo científico de la humanidad; b) Los problemas esenciales de México para mejorar el conocimiento de nuestra realidad y para buscar la resolución de aquellos que afectan su vida económica, política, social y cultural; c) La historia de las diversas formas de organización económica y social, el arte, la literatura, el idioma, las tradiciones y las artesanías de las regiones indígenas de Michoacán, para encontrar las medidas apropiadas de su mejor participación en la vida del país”. 

Un primer paso que se dio para la planeación y organización de la investigación científica en nuestra Casa de Estudios fue el nombramiento del primer Coordinador de la Investigación, que recayó en la persona del Ing. José Guzmán Cedeño, quien poco después fue sustituido por el destacado científico Rafael de Buen Lozano, que poseía una larga trayectoria como investigador, tanto en Europa como en América y fue el primero en diseñar un programa integral para impulsar la investigación científica en la Universidad Michoacana, que desde su inicio se sustentó en la creación de Centros e Institutos de investigación, además de la agrupación de los profesores adscritos a las escuelas y facultades. Este modelo ha sido continuado por los demás coordinadores que ha tenido nuestra Universidad, entre los que además del Dr. de Buen, destacan el Dr. Nicanor Gómez Reyes, el Dr. Luis Pita Cornejo, el Mtro. Ángel Gutiérrez Martínez, el Ing. Miguel Ángeles Arizpe, el Mtro. Gerardo Sánchez Díaz, el Dr. Egberto Bedolla Becerril, la Dra. Eva Luz Soriano Bello, el Dr. Rodolfo Farías Rodríguez, el Dr. José Napoleón Guzmán Ávila, el Dr. Luis Manuel Villaseñor Cendejas y el Dr. Raúl Cárdenas Navarro. 

El proceso de desarrollo de la investigación, que se ha dado en nuestra Universidad en los últimos 50 años, no ha sido fácil, sobre todo en lo que se refiere a la infraestructura y a los recursos humanos preparados para su desarrollo. Aún así, venciendo diversos obstáculos la Universidad Michoacana ha destinado recursos propios, o los ha conseguido en otras instancias, para lograr lo que hoy somos en esta importante actividad sustantiva. Ahora contamos con una planta importante de investigadores de reconocida trayectoria académica, adscrita principalmente a los ocho institutos y cinco centros de investigación, además de los adscritos a escuelas y facultades, que dan sustento a los programas de Posgrado de Calidad que hoy ofrece nuestra Casa de Estudios. 

Un elemento importante, en el que se expresan los resultados de la investigación que actualmente se desarrolla en nuestra Universidad son las diversas publicaciones que se han generado, tanto en libros como en artículos publicados en el país como en el extranjero. 

Finalmente, logros importantes para nuestra Casa de Estudios han sido la acreditación de la mayoría de los programas educativos de licenciatura; la inclusión de los Programas de Posgrado en el Padrón de Programas de Excelencia del CONACYT; la certificación de varias bibliotecas y, el ingreso, la semana pasada, de la Revista de Estudios Históricos Tzintzun, que edita el Instituto de Investigaciones Históricas, al Padrón de Revistas de Calidad del CONACYT, siendo esta publicación, la primera en recibir ese reconocimiento en nuestra Universidad. 

Como vemos, el camino ha sido largo en estos 50 años, pero el fruto del trabajo comprometido de nuestros investigadores está a la vista, esta es la mejor forma para iniciar un balance de lo que ha significado el quehacer de la investigación científica en las últimas cinco décadas.